Traición y Muerte
Eran las 2 y media de la tarde. Tan solo cuatro años y 14 días antes Liniers era
aclamado en Buenos Aires como el héroe de la Reconquista. Jacques (traducido al español como Santiago) Antoine Marie de Liniers et Bremond, el caballero de la orden de San Juan, conde de Buenos Aires, comendador de Ares en la de Montesa, mariscal de campo, jefe de escuadra de la Real Armada, agraciado para título de Castilla, virrey, gobernador y capitán general interino, que hacía un mes que había cumplido 57 años, ahora estaba de rodillas frente al pelotón de fusilamiento rezándole a la virgen del Rosario. Con su ropa hecha jirones, en un descampado del monte cordobés, junto a sus compañeros de desventuras, se negó a que le vendasen los ojos para esperar a la muerte.
El pelotón se ubicó a cuatro pasos de ellos. Cada uno tenía su blanco. Fue Balcarce quien dio la orden de apuntar y esperó dos segundos eternos para dar la orden de fuego.
No murió de inmediato. Ningún proyectil le dio ni en el pecho ni en la cabeza. ¿Habrá sido cierto que a los Húsares les tembló el pulso al tener que fusilarlo y que por eso no fueron certeros? Fue rematado con un pistoletazo por French, quien en 1808 había sido ascendido a teniente coronel de infantería por el propio Liniers por su desempeño en la lucha contra el invasor inglés.
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