Mataste un héroe !!!
Juan José Castelli, enviado por Moreno para ejecutar la sentencia de fusilamiento de Liniers.
Un grupo de paisanos del lugar armaron un plan de escape; la idea fue que con la ayuda de baqueanos, ayudarían a escapar a los prisioneros hacia los dominios de los indios pampas, llevándose los doscientos caballos de sus captores para evitar ser perseguidos. Pero Liniers la desechó. Daba por hecho el fervor popular que despertaría su sola presencia en Buenos Aires. Pero nunca llegaría.
El 16 al obispo Orellana se le permitió dar misa. Todos los prisioneros comulgaron.
El desalmado Urien fue reemplazado por el capitán Manuel Garayo, quien comandó la partida camino a Buenos Aires. Tomó rumbo a Fraile Muerto (actualmente Bell Ville). Los prisioneros dejaron de ser maltratados y, más aliviados, hasta aventuraron que posiblemente los desterrasen a España.
El sábado 25 hicieron noche en la posta Esquina de Lobatón, casi en el límite con Santa Fe. El obispo les dijo que mañana domingo oirían misa y comulgarían en la capilla de Cruz Alta. Sin embargo, temprano al otro día, Garayo se despidió de ellos, ya que Juan José Castelli y Domingo French tomaban el mando, quienes venían de Buenos Aires al frente de una partida de 50 húsares y de un escribano.
A Liniers le quitaron la escopeta de caza que Garayo le había devuelto, y los presos tuvieron que devolver sus cuchillos y navajas, que usaban para comer. Los detenidos enseguida comprendieron que el final estaba cerca.
Al mediodía, a dos leguas de Cabeza de Tigre, actualmente ubicado en las afueras del pueblo de Los Surgentes, el teniente coronel de Húsares, Juan Ramón Balcarce ordenó que los prisioneros fuesen llevados en coche a un monte, conocido como Chañarcillo o de los Papagayos, como a cuatro leguas de Cruz Alta, un páramo ondulante de talas y chañares.
“El otro que mandaba” era Juan José Castelli, que permanecía parado al frente de una compañía de Húsares del Rey y junto a él, su secretario Saturnino Rodríguez Peña. Una vez que los presos descendieron del carruaje, les ataron las manos a la espalda y les leyeron la sentencia de muerte. Entre gritos, súplicas y protestas, Castelli les informó que sus bienes serían confiscados para el fisco. Les dijo que tenían tres horas para prepararse para morir. Los ruegos del obispo Orellana, que se salvaría de la muerte, conseguiría una hora más de vida para los condenados.
Liniers y Allende se confesaron con el obispo, mientras que el padre Jiménez asistió a los otros tres. Orellana intentó aplazar el cumplimiento de la sentencia, argumentando que no se realizaban ejecuciones los domingos. Castelli le ordenó que se apartase, que su presencia ya no era necesaria. El prelado sería confinado en Luján y regresaría a Córdoba en 1812 luego de ser exonerado por el Primer Triunvirato.
Eran las 2 y media de la tarde. Tan solo cuatro años y 14 días antes Liniers era aclamado en Buenos Aires como el héroe de la Reconquista. Jacques (traducido al español como Santiago) Antoine Marie de Liniers et Bremond, el caballero de la orden de San Juan, conde de Buenos Aires, comendador de Ares en la de Montesa, mariscal de campo, jefe de escuadra de la Real Armada, agraciado para título de Castilla, virrey, gobernador y capitán general interino, que hacía un mes que había cumplido 57 años, ahora estaba de rodillas frente al pelotón de fusilamiento rezándole a la virgen del Rosario. Con su ropa hecha jirones, en un descampado del monte cordobés, junto a sus compañeros de desventuras, se negó a que le vendasen los ojos para esperar a la muerte.
El pelotón se ubicó a cuatro pasos de ellos. Cada uno tenía su blanco. Fue Balcarce quien dio la orden de apuntar y esperó dos segundos eternos para dar la orden de fuego.
No murió de inmediato. Ningún proyectil le dio ni en el pecho ni en la cabeza. ¿Habrá sido cierto que a los Húsares les tembló el pulso al tener que fusilarlo y que por eso no fueron certeros? Fue rematado con un pistoletazo por French, quien en 1808 había sido ascendido a teniente coronel de infantería por el propio Liniers por su desempeño en la lucha contra el invasor inglés.
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